Actualmente cada vez somos más conscientes de la necesidad de respetar los derechos de las personas y prevenir el maltrato. Pero también lo somos de que el maltrato existe en todos nuestros aspectos relacionales, está tan interiorizado que la mayoría de las veces no somos ni conscientes.

La lucha por situarnos en el mejor lugar, el tener que ser mejor que el otro, la necesidad de sobresalir, de triunfar… siempre es en relación a los demás, siempre buscando la desigualdad y la diferencia, son ejemplos de lo que la sociedad nos transmite como lo que es deseable y fuente de bienestar, a pesar de que eso implique en ocasiones no respetar al otro, y olvidarse de la ética.

Es importante ser consciente de que estas expectativas y estas contradicciones conforman nuestros deseos. Por eso ser conscientes de nuestros deseos, el saber analizarlos además de sentirlos y sobretodo ser capaz de cuestionarlos puede ayudarnos a darnos cuenta de que el erotismo del maltrato está mucho más presente que el erotismo de buentrato.

En nuestra vida nos hemos encontrado con bastantes personas que se sientan atraídas por otras que no les convienen, y a pesar de que la intuición da señales de que no va a funcionar, se dejan llevar por el impulso y la creencia de que esa es la persona con la que quieren estar y que con ellos o ellas esa persona será diferente. Cuantitativamente ocurre más en mujeres que en hombres, y es que desde lo social se transmite que el erotismo masculino pasa por características como la fuerza física, el poder, la decisión-imposición, un cierto engaño, cierta dominación, ciertas estrategias, cierta chulería…. Un modelo que se promueve desde todas las instancias: la publicidad, los medios de comunicación, la educación, las familias. Un modelo que acaba construyendo el deseo y la atracción por “el malote y el canallita”.

No es raro oír conversaciones de mujeres dónde de alguna manera premian a este tipo de hombres, aunque seguramente no los elegirían, y en cambio se suele ridiculizar o menospreciar a las personas que se consideran “buenazas”, calificándolas de tontas, porque se les atribuye falta de liderazgo, falta de carácter, personas sin decisión y sin ambiciones.

Una de las quejas de muchos hombres son los mensajes contradictorios que reciben entre las preferencias declaradas y las reales.

Un posible camino para cambiar este modelo puede ser la erotización del buentrato, entendida como el erotismo y el deseo dirigido a la persona buentratadora.

Hay muchísimas personas y parejas buentratadoras, lo que ocurre es que no forman parte de lo que nuestra sociedad considera modelos de relaciones interpersonales de éxito.

Todas y todas conocemos este modelo, si nos fijamos lo tenemos muy cerca, en aquellas personas que nos regalan sonrisas, amabilidad, respeto, escucha, aquellas personas que son capaces de facilitarnos las cosas, que disfrutan de las pequeñas cosas, de los sentimientos y de las relaciones. Esas personas y esas relaciones basadas en el cuidado mutuo, que generan placer y bienestar, confianza y seguridad. Esas relaciones que saben dar y recibir, que gestionan la ira y la cólera para no dañar.

Erotizar este modelo implica desearlo, buscarlo, conseguirlo y reforzarlo con el bienestar no con la ambivalencia y el sufrimiento.

De forma tímida, este modelo empieza a tener voz, y esa voz se va extendiendo y proyectándose en los diferentes ámbitos social, relacional y personal, es un modelo más igualitario, más horizontal y más transversal.

Para construir es necesario saber de qué partimos, de su análisis y su reflexión, y a veces deconstruir para avanzar.

Francisca Molero Rodríguez

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