¿Me voy o me quedo de esta relación?

Esta pregunta se la han hecho muchas personas a lo largo de sus vidas, y seguramente muchos y muchas de nuestros oyentes.
Nos estamos refiriendo a esas relaciones que no son especialmente problemáticas, pero que no nos hacen feliz, esas relaciones en las que sentimos que estamos perdiendo “vida”.
Sin embargo, a pesar de que se trate de algo tan común, la mayoría de las personas no estamos preparadas para sentir estas dudas en el amor y lo solemos pasar muy mal.
¿Significa esto que no es la persona adecuada para mí? ¿Deberíamos romper, a pesar de que todo no està tan mal? ¿Me arrepentiré si rompo la relación? ¿Tengo que ser yo quien tome la decisión?

¿Es más frecuente en parejas jóvenes o parejas maduras?

Puede ocurrir en cualquier edad, las circunstancias sin embargo en ocasiones son diferentes.
Pero te podría decir que en estos momentos yo tengo más parejas maduras en esa situación que jóvenes

Pongamos ejemplos.

De acuerdo, voy a hablar de un caso que puede no ser el habitual, pero que nos puede servir para lo que hoy hablaremos.
El caso de una pareja madura, alrededor de los 50 años. Una pareja de larga evolución, se conocieron jóvenes, funcionaron muy bien en la primera etapa de su relación, tenían una filosofía de vida parecida, proyectos futuros, admiración el uno por el otro, lucharon por sus carreras profesionales.
Tuvieron hijos, aquí empezaron las desigualdades, en la responsabilidad de tareas de familia. Ella nunca se quejó, podía con todo, se instauraron roles muy definidos. La mujer cada vez adquirió más los compromisos en la relación, se encargaba del cuidado de la familia, también de la de organización de ocio, y de su trabajo. Con los años se hizo cada vez más activa y menos delegaba en la pareja. Su pareja se acomodó, confort, bienestar, percepción de estar dónde quería.
Los hijos crecen, y la mujer se encuentra que está desorientada, que no sabe lo que quiere

¿Es entonces cuando acude a la consulta?

Si, en este caso está confundida, no quiere tomar una decisión de la que se pueda arrepentir.
Le tiene cariño, reconoce que es un buen padre. Pero ella necesita otras cosas.
Ha hablado con él y sabe que está totalmente desconcertado, que no se imaginaba para nada lo que ocurre. Ha estado haciendo esfuerzos y casi ha hecho al pie de la letra todo lo que le ha pedido: tener más iniciativa, dedicarle más atención, etc
Pero ella verbaliza que no quiere eso, que en el fondo sabe que la pareja no le seguirá en lo que necesita y por otro lado quiere autonomía, no quiere “cargas”.

¿Estas situaciones ocurren así de repente?

No, lo que ocurre es que durante bastante tiempo pueden quedar solapadas.
Tenemos discursos reales y potentes, no pasa nada, se ha disipado parte de la “magia” del principio, “es normal todos cambiamos” “tampoco me puedo quejar”
Pero en ocasiones como en el caso de esta pareja, llevan más de un año sin tenir relaciones sexuales, sin tenir encuentros eróticos.
Lo mira y no siente ganas de tocarlo, ni de intimar.
Normalmente esta situación se produce como respuesta a un cambio interno o cuando la persona se siente atraída por alguien nuevo.

¿Cómo se acaba tomando la decisión?

Cuando somos capaces de identificar y analizar las causas y sincerarnos en lo que queremos y en los miedos que hemos de superar.
Cuando reconocemos que en el fondo esa relación es una relación tóxica, a pesar de haberla normalizado.

Algunas recomendaciones:

Las parejas configuran unos roles en sus relaciones que tienden a ser estáticos y a veces se olvidan de que necesitan reajustes ya que las personas cambian, pero con el tiempo lo estático cansa y cada uno va encontrando su espacio, espacios diferentes que se van distanciando. Siempre hay uno de los dos que está más cómodo que el otro.
En todo este proceso se deteriora la comunicación y la vida sexual compartida.
Hay circunstancias que van desgastando la relación muy lentamente; cortar a tiempo, antes de que se vuelva dañina, puede ser la mejor manera de seguir manteniendo un vínculo con la otra persona.
En ocasiones lo difícil es dejar ir a esa persona, pero a veces hay que hacerlo.
Dialogar siempre es lo primero y absolutamente necesario hacer instrospección. Se toma la decisión cuando se siente y se piensa que se han quemado todos los cartutxos.
Es bueno cerrar una relación reconociendo qué es lo que ha aportado el otro y pudiendo agradecérselo.

Francisca Molero Rodríguez

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